Meeting people

Una de las razones que mueven al acto del viaje es el conocer a nuevos seres. Y esto, a poco sociable que seas, sucede con relativa facilidad casi constantemente. Si además pones un anuncio en el “craigslist” (que es una conocida página de clasificados) en el que dices que buscas gente para salir a tomar un té por ahí, las posibilidades de relación aumentan.

Así, anoche estuvimos cenando en casa de Amy, una dulce chica de Minneapolis que se acaba de mudar a NOLA (popular acrónimo de New Orleans – Louisiana) para vivir en una de las pocas ciudades de los EEUU donde según ella puedes encontrar un ambiente que se parezca algo al mediterráneo. Vivió un año en Madrid y otro en Lisboa (eso debió marcarla bastante), y la vida en el lugar que la vio nacer, donde si estás por la calle a la 1 de la madrugada te detienen por sospechoso (a esas horas, ya no hay vida por las calles de la mayoría de estados de norteamérica), la estaba envejeciendo prematuramente. Celebraba su cumpleaños, 27 añicos, y pudimos compartir una agradable velada con sus compañeros de piso y algunos vecinos que se sumaron a la fiesta. Amy es la de más a la izquierda.

De allí nos fuimos con ella y una compañera del piso al Maple Leaf, un local de moda en el que la música en directo empieza a las 11 de la noche, y así todos los días de la semana, todas las semanas del año. Ayer era martes, un martes común y corriente como cualquier otro, y a las 11pm la cola para entrar era tan brutal que parecía un sábado noche en el garito más “in” de Madrid. Tocaba la Rebirth Brass Band, grupo local al parecer bastante famosete, y que se supone que uno no debe dejar de ver si viene a esta ciudad, un “must-see” como dicen los anglos. Y allí estábamos. El Maple es un lugar interesante, pero tal y como lo llevan se convierte en un antro. NOLA debe ser la ciudad sin ley de los EEUU, aquí todo es posible, no hay horarios de cierre, se puede fumar en los bares, se puede beber alcohol por la calle, las pilinguis ofrecen sus cuerpos en Bourbon St. cual si fuera Amsterdam pero sin cristal… Y el Maple Leaf deja entrar a todo aquel que vaya con $12 por delante, desafiando así todas las leyes físicas al respecto de la compresibilidad de los cuerpos humanos… Las otras leyes, las de la máxima concurrencia en locales públicos, no deben existir, intuyo.

En el Maple habíamos quedado con Marcella, una encantadora italiana que lleva saltando de Italia a los States desde el 2005, y que ahora está trabajando de profe de arquitectura en la universidad. La acompañaba Irene, a la que no conocíamos aún, una dicharachera murciana que también lleva algún tiempo por aquí y que gastaba un acento indefinible. La idea era que se conocieran Amy y Marcella, ya que las dos hablan portugués (además de perfecto español) y así podrían practicar. Pero Amy tenía que marcharse con su compañera de piso y dejaron el intercambio lingüístico para otro día. Y allí estábamos charra que te charra con Irene y Marcella en un “break” de los estridentes Rebirth, cuando de pronto vi en la barra a un par de individuos que iban vestidos de tal guisa que pensé “hostias, en mi vida había visto a dos tipos que se pareciesen tanto a unos tunos…”. Pero claro, estamos en NOLA, no en Spain, y el caranaval ya pasó hace tres semanas. Así que dispuesto a disipar mis dudas, me acerqué a ellos y pregunté: “¿Sois tunos?”. Y la respuesta fue: “¿Eres español?”. Dos tunos, señoras y señores, dos tunos en el Maple Leaf de New Orleans. Pero el asunto, ya de por sí “emocionante” (dejemos a un lado los sentimientos que uno pueda tener hacia el mundo de la tuna… si te encuentras a unos tunos en Nueva Orleanas, tiene su punto de emoción, joder), fue aún más impactante cuando descubres que no eran unos tunos cualquiera, no; eran tunos de la Laboral de Tarragona!!!!!  Im-presionante, ¿eh, Morigán, Toñi, Maic…?. Y bueno, ahí estuvimos charrando un buen rato regocijándonos de la pequeñez del mundo. Regocijo que llego al súmmum (se escribe así, eh, que lo he mirado en internet, jaja) cuando descubrimos que uno de ellos era amigo de una amiga nuestra del pueblo… tremendo. Pero cuando ya no había espacio para la sorpresa, todavía quedaba una perla más: este mismo tuno (Alex, “el tortilla”, el de la derecha en la foto. Rafa, a la izquierda), había estado en varias ocasiones en Zaragoza, y su lugar favorito de visita era precisamente mi segundo hogar, La Campana de los Perdidos, y conocía a Rodo, por supuesto… Buf!

Lo de los tunos, dejando ya a un lado las coincidencias cósmicas, tiene también su aquel. Y es cuando se justifica, una vez más, mi auto-denominación de “aprendiz de viajero”. Sólo cuando viajas te das cuenta de lo poco “importante” que es tu vivencia como viajero, ya que el mundo está lleno de gente que se echa la mochila a la espalda (o hasta el traje de tuno) y se van de aquí para allá por meses y meses. Estos dos han iniciado hace poco un periplo que les va a llevar desde Norteamérica hasta Argentina. Han comprado un coche de segunda mano en Miami (bueno, quinta mano creo que dijeron) y pretenden recorrerse todo el continente en 10 meses. El traje de tuno, una guitarra, una pandereta y mucha jeta, les va dando para sacarse las judías de cada día. Van a estar aquí dos o tres días. Ayer estuvieron en el restaurante “Madrid”  (en el que ya estuvimos la semana pasada comiendo una paella) regentado por Juan Hernández, que se vino a los States en el 86, se casó con una yanki, y ahora en segundas nupcias con una Mejicana (la simpática Antonia), y se están buscando la vida en esta ciudad. Y allí en el restaurante, en el que había un grupo de una asociación española en NOLA, se ve que montaron fiesta gorda con el “Viva España”, el “Bésame Mucho” y otras melodías al uso. Para esta noche tienen previsto ir al “Lola’s” y luego al “Barcelona”. Iremos a verles, la cosa promete.

Pero lo que son las cosas, estos a los que yo llamo “viajeros de verdad”, se sentían poquita cosa cuando recordaban a un tipo argentino que conocieron, que con una Honda que se compró en Argentina y 300 dólares, había dado la vuelta al mundo dos veces seguidas… En fin, esto es lo que hay. Al despedirnos les pregunté, ¿queda bien un saxo en una tuna?… Ay, ay, ay, viajar, viajar, qué peligrosa droga.

Los Rebirth, tras su tercera aparición en escena, por fin se agotaron y decidimos marchar para casa. Eran casi las dos, y Marcella hizo de taxista. Hemos quedado para el jueves. Veremos qué nos depara para entonces la Big Easy…

Aquí Marcella a la izquierda e Irene a la derecha, departiendo con los tunos.

Hazte una casita con estas manitas

En esta entrada me voy a limitar a mostrar algunas imágenes para que os hagáis una idea de cómo construyen aquí las casas, así doy respuesta a una petición anterior de Morigán. En otra entrada hablaré sobre los barrios ya visitados por bastantes partes de la ciudad, la forma en la que viven y unas cuantas opiniones al respecto, esperando vuestras aportaciones. Pero eso para la semana que viene. Ahora las imágenes de las construcciones.

Por introducir el tema rápidamente, contar que lo normal es que la casa la monten sobre un montón de pilares de una altura que oscila entre medio metro y un metro, más o menos. No olvidemos que la ciudad está construida por debajo del nivel del mar (y del lago Pontchartrain, que cuando no se tiene cuidado con los diques, tiende a desbordarse…).  Y bueno, sobre esta sencilla estructura de pilares, vas poniendo maderitas con clavos y tornillos, y tira casa pa’rriba… Si aquí hubiera Ikeas, seguro que te venderían casitas de estas. Pero dejo el rollo, ir viendo las fotos y ya se entenderá. Lo de siempre, es una galería de fotos para ir pinchando en ellas y verlas en grande.
Ah, aclaración para algunas de las últimas imágenes. Cuando la casa está acabada, la forran con tela asfáltica (similar a la que ponemos nosotros en el suelo de las terrazas), y luego ya le ponen tablas una apoyada sobre otra dándoles el típico acabado. Para finalizar, una manita de pintura, y ya.

Cuestión de peso

Pasemos a contar cosas de la vida cotidiana, situaciones que captan la atención del ojo que mira con curiosidad. Desconozco si lo que en esta ciudad se puede ver por las calles en relación al peso de las personas es extrapolable a toda la nación, pero de ser así, el asunto es como para estar preocupados, al menos para que ellos estén preocupados.

De verdad, yo nunca había visto niveles de obesidad tan desproporcionada y numerosa como la que aquí puedes observar a diario. Además de las imágenes aquí expuestas, hay otras muchas (algunas increíbles) que nuestros atónitos ojos han vivido pero que la cámara no ha tenido la suerte o habilidad de captar. Parece que si que hay una cierta preocupación entre la sociedad, ya que hay muchos programas de TV que tratan el asunto. Por ej, este miércoles hay un reportaje en la tele de Louisana en la que cuentan el caso de una persona que consiguió rebajar 450 libras su peso (no han dicho en cuánto se ha quedado). El paso a Kg. es fácil, invito a hacer la cuenta…

¿Razones? Bueno, no sé, ahí está el debate. Un par evidentes de las que vives a diario son por un lado la alimentación (raciones interminables aderezadas con pesadísimas salsas de todo tipo -en otra entrada hablaré con más detalles de los alimentos-) y por otro lado el transporte (el coche es como una extremidad más del cuerpo; hasta tienen cajeros “drive-thru“, para sacar el dinero sin salir del coche), así que habrá mucha gente que en todo el día sólo andarán las yardas que tengan de casa al coche y desde donde aparquen éste hasta el curro. Pues eso, dejo que las imágenes hablen por si mismas; ya sabéis, pinchando encima, se hacen más grandes, gordas en este caso.

Vida normal

Pasada la tormenta, toca hacer una vida más sosegada. La verdad es que durante unos días he tenido unas sensaciones extrañas, me sentía mal si no iba de un lado para otro, de garito en garito, de fiesta en fiesta. Quedarse en casa demasiado rato era como perder el tiempo y… ¿pero realmente es obligatorio salir todos los días a ver varias actuaciones o a visitar nuevos lugares?  ¿Hay algún Real Decreto que obligue a ir cada noche a la calle Borbón?. Y es que si te paseas a cualquier hora por el French Quarter, o si vas de noctámbulo por Bourbon St., la sensación es la de vivir en una permanente fiesta (la segunda foto es de la calle Bourbon este lunes a las 11 de la noche; se notaba que empezaba el movimiento entonces…). Pero bueno, vivir en Mid-City, a unos kilómetros del ojo del huracán de la perdición, sirve para sentir que existe otra realidad, la de la gente que no se pasea por el 24/7 French y que tiene que ir a trabajar todos los días. Y también la necesidad de cuidar el presupuesto (la vida nocturna es bastante más cara de lo que desearía) ayuda a cambiar el ritmo de vida.

En definitiva lo que quería con este viaje era descansar, y de rebote conocer cómo se vive en este país (o al menos en esta pequeña parte del país) y aprovechar el tiempo libre disponible para darle un empujón al pérfido idioma este, y darle caña también a la música. Y en eso estoy, tocando el saxo todos los días, tratando de hablar con toda la gente que se cruza en el camino, mirando la posibilidad de ir a clases de música (ya podría ir con más de media docena de profes, pero cobran bastante caro; sigo buscando), yendo a charlas y actividades donde se junten seres humanos dispuestos a conversar un rato, y dejando la puerta abierta a que puedan suceder cosas indeterminadas. Así por ej., fuimos el otro día a conocer a un interesante grupo llamado NOSHA que es la “New Orleans Secular Humanist Association”, básicamente un grupo de personas que se juntan regularmente para charlar sobre lo humano sin lo divino. Los descubrí gracias a un anuncio que habían puesto en un tranvía (ahí va la foto). No sé quién se ha copiado de quién… El próximo miércoles hay una nueva reunión. Gente muy interesante, la verdad. No es que quiera sacar el tema otra vez, eh Lady, pero es que ha salido así la cosa, qué se la va a hacer…

Y bueno, el día a día da bastante de sí para ir viviendo y  pensando en muchos asuntos que iré desgranando en el blog poco a poco, aparte de los temas turísticos y de ocio que también irán apareciendo, claro. Así, tengo previsto hablar de los hogares, del transporte, de la ecología, de la alimentación, de los gordos y gordas, de los espacios culturales,… en fin, de ir conociendo y dando a conocer cómo percibo la vida por aquí tratando de no ser ni demasiado dogmático, ni muy superficial.

Por cierto, ya tenemos bicicletas. Gracias al descubrimiento (con ayuda local, claro) de un supermercado en los que hay de todo todo todo al estilo de los grandes hipermercados que conocemos en España. Nunca pensé que me iba a alegrar tanto de encontrar una superficie de esas. Y es que no había forma de dar con unas bicis baratas ni aún de segunda mano. Pero ahí sí ha sido posible, por 80$, bici.

Y ahora toca descansar, que mañana hay una agenda muy densa.

Bourbon Street

Lo dicho, finalizo esta fase de fiestas en NOLA con unas imágenes de la famosa Bourbon Street. Las fotos son del mardi gras, pero anoche mismo, domingo a la 1 de la madrugada, había una cantidad de peña por la calle impresionante, incontables bares con música en directo y desde algún balcón seguían tirando collares  a algunas perdidas todavía dispuestas a enseñar sus pechos. Parece que va a ser verdad lo que le dijo antaño un colega al ciudadano Ledesma. Tras pasar un tiempo en esta ciudad, le contó sus impresiones y le decía: “Esta ciudad es una mierda, aquí nadie da ni golpe, están todo el día de fiesta…”.

Lo de la calle Bourbon durante el mardi gras, por acabar de documentarlo, consiste en una aglomeración brutal al estilo de las que ya estamos acostumbrados en nuestras fiestas, pero con el curioso fenómeno del lanzamiento de collares a la gente desde los balcones. Es como los desfiles, pero en vez de carrozas hay balcones. Lo de los balcones, por cierto, es un lucrativo negocio, porque los precios por subir a ellos ronda entre los 20 y los 50 $.
Además mucha gente va disfrazada, como le corresponde al carnaval, pero la verdad es que se disfraza mucha menos gente de lo que se podría esperar. En definitiva, con disfraz o no, se trata simplemente de divertirse sin más, ir haciendo el gamba, y pasar unos días divertidos.
Luego, la bendita tradición de que para que te echen un collar debes enseñar algo de carne, le da un colorido especial. Y también es muy colorista la gente que se ha hecho un bonito “body-painting” y va toda pincha desafiando al frío (debe ser pintura con propiedades térmicas, si no, no lo entiendo). Y todo esto dentro de un ambiente muy agradable. El lema aquí es: BE NICE OR LEAVE.













Las “parades” del Mardi Gras

¿En qué consisten las “parades” (desfiles) del Mardi Gras? Bueno, básicamente el asunto es que esta gente no tienen tiendas de chinos. Sólo eso puede explicar su emoción al paso de las carrozas, esperando ansiosos el lanzamiento de los collares y otra quincalla de “incalculable” valor. La cosa toma un cariz inconcebible cuando descubres que hay muchos que son capaces de dormir la noche anterior a la intemperie, tirados en la calle, para poder estar en primera línea al día siguiente. Esto se pudo vivir en riguroso directo a la puerta de casa, ya que el desfile del sábado salía a las 4:30 del parque que está a 200 m. Pues bien, a las 6 de la tarde del día anterior, es decir, casi 24 h. antes del desfile, ya había gente que había tomado la mediana de la calle Orleans… Tras preguntarles, confirmaron que no estaban esperando algún desfile para esa noche, si no el del día siguiente. Impresionante. Hay que decir que estas pasadas noches la temperatura ha estado rondando los cero grados, la humedad era bastante alta, y además aderezado con sorpresivas lluvias. Preguntados sobre el desfile acerca de si era especial, dijeron que era en el que más dinero invertían en los objetos a arrojar. Al día siguiente se pudo comprobar que eran las mismas baratijas de todos los días… Ahora, todo en dimensiones norteamericanas: a la caravana le costó pasar casi tres horas (un cuarto de hora faltó) y tenían que recorrer 8 Km. (medidos con google-maps, ojo).

El número de desfiles no es desdeñable. En total 12 días con desfiles que circulan por variadas rutas cada día y con diversas “Krews” (grupos de comparsas), del orden de 50.  Salen multicolores carrozas, algunas con más de 50 personas arrojadoras de collares. Normalmente cada desfile está dedicado a un tema concreto (personajes de cuentos, de dibujos animados, reyes de antiguas tribus, deportes, etc.) y salen las carrozas decoradas a tal efecto y los personajes disfrazados y pintados, y es todo muy colorista. También salen bandas de música, “majorettes”, escuelas, y variadas asociaciones. Los trajes de estos grupos, sobre todo los de las bandas de música, son de combinaciones coloristas inexplicables. Todo muy llamativo, la verdad. Pero también es cierto que visto un desfile ya te haces una idea de cómo son todos. Pero aquí lo viven con una emoción desmedida, oye.

Bueno, lo mejor es ver unas imágenes y algunos vídeos que ilustrarán mejor de qué va la fiesta esta. Las primeras imágenes corresponden al desfile que discurrió al lado de casa, con los espectadores que van tomando posiciones (se lo toman como un día de campo, se llevan las barbacoas, neveras llenas de bebida y montan la fiesta campera todo el día) y la organización de las carrozas (hay un par de vídeos de esto). Luego hay algunas otras fotos de distintos desfiles. Hay que comentar, porque es curioso,  cómo los espectadores toman posiciones dejando escaleras en primera fila. Luego esas escaleras servirán para además de estar en primera fila, estar más altos que nadie… Los que vengan detrás, que se apañen. De esto he metido también un vídeo, que así se entiende mejor.

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No he podido evitarlo…

Lo relatado en la entrada anterior sucede todos los días, es un hecho, y ayer que era el último día, alterado por lo que veía, me salió la vena activista y no pude evitar coger un cartón de la basura y escribir algo para unirme al grupo informativo, pero dando contra-información, claro. Debe ser también la vena docente, que me gusta fomentar el espíritu crítico entre mis chicos para que usen un poquico más el cerebro (aunque con discutible éxito, ya veis cómo me ha ido…).

Mira que soy tímido, y los primeros 5 minutos de estar ahí frente a la gente que se paraba a leer el cartelito y a hacer fotos fueron muy malos; pero la gente con su actitud me lo puso fácil, pronto lo empecé a llevar mejor, y hasta me entusiasmé y todo, jaja. Estuve unas dos horas ahí en el lío y debo reconocer que fue un rato genial. Las muestras de adhesión eran constantes, los guiños, las sonrisas, las palabras de apoyo, las de agradecimiento, los besos, el chocar de manos, dos cervezas que me pasaron, los abrazos… Emocionante y entrañable. Y muy recomendable. Y además un antídoto perfecto contra la timidez, jaja.

Aproveché el tiempo para hablar con el colega de procesión, of course. Me contó que lleva viniendo al Mardi Gras desde hace 30 años!!! Le dije que me parecía que el no venía aquí a evangelizar, que venía a otra cosa… Tenía sentido del humor, así que era entretenido hablar con él. Dijo que él y sus compañeros eran evangelistas, y que venían de todo el país. Comentó también que todos los que van por las calles no pertenecen al mismo grupo, si no que hay muchos diferentes con el factor común de Jesús pero con algunas diferencias entre ellos, incluso a veces muchas diferencias. Lo que si que es generalizado es que es casi como una peregrinación desde todo el país, consideran que en este lugar y en estos días tienen muchísimo trabajo evangelizador que realizar…
Con este tipo de gente, para conversar con ellos, uso un argumento un tanto “naif” pero que sirve para que no haya tensión y que se pueda dialogar sin demasiada hostilidad. Les pregunto qué le sucede a una persona que lleva una vida más o menos correcta, que no hace daño a los demás, que trata de ser simplemente lo que el sentido común dice que es una buena persona, les pregunto que si esa persona irá al infierno o se salvará. ¡Y dijo que iría al infierno! “Por que la Biblia dice…”. Así comienzan todas sus frases, y por mucho que me esforcé (en mi penoso inglés, ¡vaya clase de idioma que me metí!) en conseguir que diera por aceptable que se puede ser simplemente una buena persona sin creer en Dios, no hubo forma, si no crees en Dios, y además de la manera en la que lo dice la biblia, estás condenado a arder eternamente en el infierno. Buf.

Bueno, y ya vale de cháchara, aquí van unas pocas fotos de las que me iba haciendo la reportera Inma. El vídeo no tiene sonido porque su cámara es más limitadica. Y en fin, el Mardi Gras ha terminado, ¡qué estrés!, pero aún meteré un par de entradas más, una explicando las “parades” y otra dándole un último repaso a Bourbon Street. Coming up soon.


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Los cruzados de Jesús

Bourbon Street, 4 de la tarde, los cálidos rayos del sol invitan a dar un paseo cuando está todavía está tranquila esta calle icono vivo de la perdición humana. En los bares, que en ningún instante han apagado la música, sólo encuentras a los insomnes de la noche anterior y a los que ya se han repuesto lo suficiente como para afrontar una nueva jornada de descontrol. En los coloridos balcones empiezan a asomar unos pocos a ver si ya va pasando por la calle algún ángel perdido dispuesto a mostrar sus pechos a cambio de un collarcito. En los strip-clubs todavía no se exhiben sus trabajadoras que estos días desafían al frío con unos breves gramos de ropa en su cuerpo. Ni siquiera los polis a caballo se dejan ver, descansando sus traseros a la espera de vigilar las emociones fuertes que pronto llegarán.

Pero un lugar como este es también el terreno ideal para los que tienen como principal objetivo en su vida salvar la de los demás en nombre de Dios. Qué mejor que esta moderna Sodoma y Gomorra para que los fieles soldados de Cristo lleven a cabo su cruzada. Y así fue como nos topamos de nuevo (ya estaban allí el otro día, y sospecho que han estado todos los días del Mardi Gras) con un puñado de entusiastas cruzados que portando enormes pancartas y potentes megáfonos, estaban lanzando todas sus proclamas con la sana intención de salvar del infierno a todos los pobres perdidos que hemos caído en la desgracia de intentar disfrutar de una ciudad en fiestas… Pero a los enviados por Dios se les pegaron como lapas casuales enviados de satán con improvisadas jocosas pancartas, dándoles una festiva respuesta. Y la diversión comenzó. Los megáfonos sonaban con fuerza llamando la atención de los atónitos paseantes que se acercaban a curiosear. Algunos se quedaban y entraban al trapo de las terrible amenazas celestiales entablando interesantes debates… Yo también me acerqué a charrar con uno de ellos, de buenas maneras. Le entré preguntándole si había leído la biblia y me sonrió… luego seguí preguntándole si había leído algún otro libro además de la biblia, y siguió sonriendo. Fue interesante, pero no había nada que hacer, cuando el único libro que tiene validez de los millones escritos por la humanidad es la biblia, la conversación termina siendo estéril…

Pero creo que es mejor dejar las palabras a un lado y pasar a las imágenes, una pocas fotos y un pequeño puñado de vídeos que pienso que expresarán mejor lo que allí sucedió. Las fotos van en formato galería, pinchar y verla en grande. Recomendable fijarse en los textos.


El siguiente inocente vídeo no lo he podido colgar en youtube porque lo hubieran censurado… así que lo he tenido que meter en mi servidor, por lo que la velocidad obliga a tener paciencia:
http://blog4.jl.pueser.com/wp-content/uploads/2010/videos/Bourbon_01.flv

Y ahora los demás vídeos, una mínima colección de todo lo que grabé. Son útiles también para hacer prácticas de inglés. Cuando sea capaz de entender todo lo que dicen, seré un poco más feliz…

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Preservation Hall

Esto de la música en esta ciudad es un problema. Llegas con la idea de no perderte ningún concierto, de sacarle partido a cada noche, y muy pronto descubres que eso no va a ser posible. Se produce además un curioso efecto de parálisis, llegando incluso a irte a casa no por que no haya a dónde ir, sino porque no sabes qué elegir. Es como cuando vas a un restaurante, te sacan la carta, y tienes 7 hojas a doble cara llenas de suculentos platos: inmediatamente surge el bloqueo y no sabes qué pedir para comer. Con lo sencillo que es que te digan “de primero ensalada o menestra y de segundo entrecot o revuelto de trigueros”…

Antes de ayer, a las 5 salíamos de un concierto didáctico en el “Jazz National Historic Parc”, a las 7 nos marchábamos del Fritzel’s dejando con el trombón en la boca al capo de un potente quinteto, y de allí fuimos a hacer cola al Preservation Hall para ver qué se cocía esa noche. En el Preservation Hall hay que hacer cola si quieres tener un lugar aceptable para ver la actuación. Al acabar lo del Preservation estaba previsto ir a otro garito, pero la miserable lluvia había arruinado los zapatos y el intenso frío aconsejó regresar a casa para entrar en calor, así que este jueves sólo pudimos estar en 3 conciertos…

Me centro ahora en el Preservation, uno de los lugares de referencia en la Big-Easy (así llaman a la ciudad).  Es un local en el que hay Jazz desde el 1961, pero del que se sabe que ya albergaba una taberna en el 1812. Por lo visto desde fuera y lo corroborado al entrar, es más que probable que no hayan movido un solo clavo en sus dos siglos de historia… Y bueno, así consiguen darle un aire “romántico” al lugar, y atraer cada noche a decenas de curiosos turistas.

Aquí unas breves fotos, las primeras de la fachada con la posterior cola que nos encontramos una hora antes de abrir, y las otras son de la actuación, claro. Por último, un vídeo con un fragmento de un tema en el que el trompetista, emulando al oriundo del lugar, Louis Armstrong, se arrancaba en una alegre improvisación. Una vez más, la calidad del vídeo está por debajo del documento. Por cierto, el tuba era buenísimo.

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Hogares. 1ª parte.

Este apacible paseo vacacional por estas tierras todavía no se sabe lo que dará de sí, es una incógnita, pero lo que si entraba dentro de mis intenciones era el ir transmitiendo las sensaciones del día a día, en todos los aspectos que me parezca interesante reseñar. Sin ánimo de juzgar, simplemente mostrar y que cada cual se vaya formando su visión del asunto.

También me he propuesto hacer entradas cortas, jeje, así que iré al grano. Voy a contar cosas de los hogares de por aquí. Lo titulo “1ª parte” porque veo que esto dará para más entradas.

Este barrio se llama Mid-City. Hasta el centro hay 5 ó 6 Kilómetros, dependiendo de dónde situemos el centro dentro del French Quarter. Para una ciudad de unos 300.000 habitantes pueden parecer las afueras, pero realmente está bastante cerca del centro si miramos un mapa de toda la ciudad. ¿Cómo se explica esto? Pues fácil, por el tipo de viviendas en las que viven por aquí.

Aquí los vecinos. Parecen super mansiones, pero son sencillas casas de madera. Pero claro, si la mayoría de la gente vive en este tipo de viviendas y además con calles muy anchas, la población evidentemente se dispersa bastante.

Entonces, si sales de casa en busca de una tienda porque te faltan huevos, o el pan, te encuentras con la sorpresa de que puedes recorrerte el barrio entero de norte a sur y de este a oeste y vuelves a casa media hora después sin pan y sin huevos… Para comprar el más sencillo alimento no te queda más remedio que ir a alguno de los supermercados grandes que hay por ahí dispersos. Si lo tienes cerca de casa, pues esa suerte que tienes, y si no, pues nada, coges el coche y ya está. ¿El coche?  ¿Y si no tienes coche? Bueno, parece que si vives en un barrio de estos, tal circunstancia sólo se da entre viajeros perdidos como nosotros.

Lo de las largas distancias y el consiguiente uso del coche genera otra curiosa circunstancia: apenas ves a gente paseando por el barrio. La verdad, es un lugar muy tranquilo, de eso no cabe la menor duda.

A parte de todo esto, un detalle curioso más, y termino, que me he auto-prometido brevedad. Se trata de la forma de construir muchas de estas casas. Véanse aquí los detalles de los bajos de nuestro hogar. En la primera foto se puede apreciar cómo las casas están construidas sobre unos pilares de ladrillos. Y en la segunda, el nulo aislamiento que tiene nuestra casita. La madera del suelo de la casa está directamente en contacto con el ambiente, lo cual se está traduciendo en estos fríos días en unas temperaturas dentro del hogar que no son precisamente las soñadas antes de venir aquí; ¡cualquiera anda descalzo sobre la “cálida” madera…!
Pero habrá que conformarse, en el norte del país están acogotados de frío y enrunados de nieve.